Comprender el duelo para transitarlo.
- unaluzparamiduelo
- 11 mar
- 3 min de lectura
La muerte de un ser querido es una de las experiencias mas profundas y
transformadoras que puede vivir una persona. Es desconocido, aterrador
e impactante y obligatoriamente se atraviesa. Se inicia en el momento en
que muere tu persona amada y no tiene fecha de caducidad. Es un
proceso humano, natural y necesario que surge como respuesta de
afrontamiento ante la ausencia física definitiva de quien murió.
El duelo es un proceso emocional, psicológico y relacional que implica la
adaptación a una realidad en que la persona significativa ya no está
físicamente presente, y aprender a vivir con su ausencia sin que el dolor,
la culpa, la rabia, el miedo, la confusión y el vacío ocupen todo de manera
permanente.
El duelo es universal, dinámico, obligatorio, individual, relacional y no
existe una manera correcta de vivirlo, ni un tiempo establecido para
terminarlo. Depende de múltiples factores; el vinculo con la persona
fallecida, la historia personal, las circunstancias de la muerte, la red de
apoyo, el momento del ciclo vital, y los recursos emocionales de cada
uno.
Las reacciones durante el proceso son diversas y fluctúan con el tiempo;
emocionalmente se siente rabia, culpa, miedo, dolor, confusión, también
hay momentos de calma y alivio. Físicamente el cansancio puede ser
extremo, se oprime el pecho, falta la respiración, y se altera el sueño y/o
el apetito. A nivel cognitivo, se dificulta la concentración y la atención,
falla la memoria, y se piensa recurrentemente en la persona que murió.
Socialmente, hay cierto aislamiento, rechazo, apatía. Llanto frecuente.
Estas reacciones o respuestas, son naturales en el duelo aunque resulten
desconcertantes a veces para la persona que lo sobrelleva y para las
personas de su entorno.
El duelo tiene momentos muy puntuales, al principio y durante un tiempo
se da el shock que funciona como mecanismo de defensa ante el impacto
por la muerte de la persona. El sentimiento de culpa alrededor del
momento de la muerte, por lo que se hizo o se dejó de hacer, esto implica
los “si yo hubiera” que son recurrentes durante los primeros días. Aparece
la negación, la ira, la tristeza y mucho después la aceptación. Estos
momentos no se dan en orden, se viven como si fuera una montaña rusa
de emociones, sentimientos, pensamientos y acciones, que pueden ser
compañeros permanentes durante un tiempo indefinido. Se trata de
movimientos internos de adaptación, donde se avanza y sin embargo a
veces se sienten como retrocesos, pero no lo son, porque así es el proceso
que se va transformando en el tiempo, despacio y poco a poco.
Para elaborar un duelo sano se requiere el permiso de si mismo para
sentir todo lo que se siente. Expresar genuinamente los sentimientos,
pensamientos y acciones sin reprimirse. No intentar ser fuerte ni estoico.
Menos aún tratar de acelerar el proceso. Se trata de paciencia,
movimientos y acciones. Expresar el dolor hablando, llorando; aceptar el
apoyo de otros incluso cuando no saben que hacer ni que decir pero están
presentes. Mantener rutinas básicas que den estructura al día a día, sin
exigencias.
El duelo no se trata de olvidar y menos aun de dejar de amar, sino de
resignificar el vinculo con la persona amada que falleció, se construye una
relación diferente con ella, que continua en el tiempo. Se trata de
aprender a vivir con su ausencia física que será parte de el pasado, el
presente y el futuro del doliente. Se amará mas y nunca se olvidará.
No se está solo/a, lo mas importante es vivirlo acompañado, apoyado y
orientado.
A través del proceso de duelo, se honra la vida de quien murió,
adaptándose a su ausencia permanentemente presente en la vida. A
través de lo que se vive se va encontrando la manera de honrar, cambiar,
evolucionar, ser mejor persona sin dejar de amar ni olvidar a la persona
amada e importante que murió. Aprende a validar el duelo significa
transitarlo con confianza en la vida.



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